Es cierto, que hasta los pasos más elementales de nuestro día tienen algo que ver con los nuevos aparatos, y que éstos son ya inseparables partes de nuestro ecosistema. Pero también es cierto, que las relaciones entre los hombres actuales y sus máquinas sofisticadas no se diferencian mucho de las que mantenían las generaciones anteriores con sus propios utensilios. "La civilización humana puede permanecer fiel a principios antediluvianos en medio de los vertiginosos cambios de la tecnología". La clave,está en la naturalidad con que se aceptan y utilizan, con que se está dentro de un sistema incapaz de garantizar la simple supervivencia de muchos, y que en cambio encuentra su símbolo en la destrucción, en la bomba. Y es que, respondiendo ya a las preguntas, los cambios, habidos en nuestras formas de vida no han sido dados por la tecnología, sino por la democracia, en su sentido más amplio. Y no parece que sea posible -o, por lo menos, no parece que sea del todo conveniente- dar marcha atrás.
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